Torre del tambor y la campana, parques Beihai y Jingshan, calle Quianmen
16 de abril de 2025
Nuestra ruta de hoy comienza en la plaza de las torres del tambor y la campana. Cogimos un taxi a las once de la mañana y en media hora llegamos al lugar. La campana y el tambor fueron usados durante mucho tiempo para marcar el tiempo en la antigua China. El amanecer se anunciaba con una campana y el atardecer con un tambor. Es por esto que hay torres de tambor y campana por toda China, pero estas son las más altas con 46 metros aproximadamente. Subimos a la torre de la campana por unas escaleras de 70 escalones bastante empinadas. En la planta superior se encuentra la campana de 7 metros que marcó durante muchos años las 7 de la mañana, hasta que dejó de sonar en 1924. Se exponen velas con líneas marcadas y otros artilugios que se usaban para medir el tiempo.
Subimos a la torre del tambor que expone los 25 tambores que se usaban para dar las horas. Cuatro veces al día hacen un espectáculo de tambores pero el siguiente es a la 1 y no podemos esperar tanto tiempo.
Caminamos por las calles del Hutong cercano y compramos un panecillo frito relleno de carne para mi. Luego entramos en un mercado de comida callejera y nos sentamos para comer unos dumplings de verduras y Xavi comió unos cangrejos fritos. Esta calle comercial termina en el lago Quianhai, donde estuvimos anoche cenando. Terminamos de recorrerlo y llegamos al parque Beihai.
El parque Beihai y el lago por el que toma el nombre, es un jardín imperial donde se encuentra la dagoba blanca, una enorme tulipa que se construyó en 1656 con motivo de la visita del Dalai Lama. Está construida en una isla del lago y para acceder hay que subir unos cuantos escalones. En los alrededores también hay templos budistas con imágenes de Buda en cuevas y altares.
Saliendo del parque encontramos otro jardín imperial: el parque Jingshan o colina del carbón, que ayer no visitamos porque había mucha cola. Hicimos una pequeña cola para comprar la entrada y nos compramos un helado para coger fuerzas para la subida a la cima. El lugar está lleno de flores gracias a la primavera y hay mucha gente local haciendo fotos. Comenzamos a subir las escaleras entre cientos de personas y en cada nivel encontramos pabellones circulares muy decorados. En la cima se obtienen las mejores vistas de la ciudad Prohibida y del resto del parque. Bajamos por el lado norte y visitamos otro pabellón muy bien conservado y restaurado que servía para las reuniones del emperador con la corte. Mientras descansábamos en un banco un anciano con una cámara impresionante nos pidió permiso para hacernos fotos, justo hablábamos que nadie lo había hecho y ya nos ha pasado por primera vez. Salimos por la puerta este después de atravesar un camino de farolillos.
Bordeamos el parque y el palacio imperial hasta llegar a la plaza Tiananmen. Otra vez pasamos controles de pasaporte en dos ocasiones. Hicimos una foto al Teatro Nacional de Arte que tiene una arquitectura singular sobre un estanque y seguimos caminando hacia la calle Quianmen.
Una hora después llegamos al destino. Esta calle es muy turística y comercial. Mucha gente, muchas luces y muchos restaurantes y tiendas. Xavi quería comer la olla caliente y entramos en un restaurante a preguntar. Nos dieron un número y nos sentamos a esperar. Estaba todo en chino pero escaneando el código QR con la aplicación de alipay nos decía el número de cola y cuántas mesas faltaban. Esperamos unos 40 minutos. Como yo no tenía interés en comer esta olla, pedimos el caldo picante para Xavi, carne de cordero muy fina, champiñones y pasta. Todo eso se mete por unos segundos en el caldo y se moja en una salsa que nosotros decidimos fuera de setas y sésamo. Yo me pedí un arroz con huevo y verduras muy rico. Disfrutamos la comida y salimos cerca de las 9 de la noche. Terminamos de recorrer la calle y compramos unos regalitos. Justo a las 9:30 apagaron las luces y comenzó a desapaecer la gente. Al final de la calle encontramos una avenida y pedimos un taxi por la aplicación. Es de las cosas que más nos ha gustado de Pekín, taxis muy baratos y fáciles de coger. Tardamos unos 15 minutos en llegar y solo nos costó 2 euros.
Mañana queremos ir a la muralla china, así que nos iremos a dormir pronto, antes de la una de la mañana. Hoy hemos recorrido 15,2 km.






















































































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